Mermelada, color y sabor

De melocotón, fresa, arándanos… las posibilidades son múltiples cuando hablamos de este postre, hecho a base de fruta y azúcar. ¿Cuáles son sus propiedades? ¿Cómo entender su etiquetado? Te descubrimos estos y otros aspectos de la mermelada en las siguientes líneas.

La mermelada es la conserva que se elabora a partir de fruta cocida y azúcar. Mediante la cocción, la fruta se convierte en pulpa, a la que se le añade cierta cantidad de sacarosa o glucosa y, en algunos casos, coagulantes y colorantes.

Para preparar mermelada puede utilizarse cualquier fruta, pero siempre es mejor que estén maduras, ya que así van a conservar todo su sabor y su aroma. Al estar maduras, las frutas tienen más jugo para conseguir que la mermelada quede suficientemente fluida.

Aunque hay diferentes versiones sobre su origen, lo cierto es que tanto los antiguos griegos como los romanos ya elaboraban un producto similar, en principio con fines más medicinales, pero también se buscaba poder conservar y aprovechar la fruta durante más tiempo.

En un principio la mermelada se preparaba con membrillo, el cual conservaban en miel. Más tarde, poco a poco, se le van añadiendo otros productos, como el azúcar, saborizantes, aromatizantes…, y comienzan a elaborarse con otras frutas.

¿Por qué las primeras mermeladas se elaboraban con membrillo?

Esta fruta, con múltiples beneficios, es de las que más pectina contiene. La pectina es la base en la elaboración de la mermelada, una sustancia fundamental que, al calentarse, contribuye a que el producto coagule o se gelatinice, es decir, adquiera consistencia.

¿De dónde proviene su nombre?

Su origen podría estar en el término marmelo, membrillo en portugués, que, como hemos visto, es la fruta con la que se preparaba tradicionalmente la mermelada.

Aunque la base de la mermelada es la fruta, hay que tener en cuenta la cantidad de azúcar o edulcorante que se le añade, por eso su consumo debe ser moderado, siempre atendiendo a las necesidades y la dieta de cada persona. Y de ahí que, a la hora de comprarla, nos fijemos en su etiquetado.

Lógicamente, cuanta más fruta, mejor. Por ley, la cantidad de fruta utilizada en la elaboración de la mermelada no puede ser inferior a 300 gramos por cada 1.000 gramos de producto acabado. Es decir, por cada 100 gramos de producto la cantidad de fruta ha de ser de, al menos, un 30%.

Si en la etiqueta aparece la palabra «extra», ese porcentaje no puede ser inferior al 50%. Además, el contenido en azúcar en este caso se sitúa entre el 40% y el 60%. Así que, siempre que puedas, elige mermeladas con mayor cantidad de fruta.

¿Mermelada o confitura?

La diferencia entre estos dos productos, que muchas veces se confunden, está en el contenido de azúcar que incorpora cada uno. En las mermeladas la cantidad suele estar en torno al 45% y su elaboración es a partir de frutas, mientras que en las confituras se sitúa en un 60% y su base suele ser puré de fruta o su pulpa.

Revisa el contenido en azúcar, ya que en algunos casos se le añaden otros endulzantes como fructosa, glucosa… así como conservantes, colorantes y aromatizantes. Una buena mermelada es la que contenga los ingredientes básicos y necesarios.

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