Intolerancia a la Lactosa

Contenido de la revista Mashogar elaborado por AVACU, la Asociación Valenciana de Consumidores y Usuarios. La intolerancia a la lactosa es una afección digestiva que se caracteriza por la dificultad para digerir el azúcar (la lactosa) de la leche. Afecta a millones de personas en todo el mundo y, aunque no es grave, sí que puede generar molestias en el día a día de quienes la padecen.

La lactosa es el azúcar que, de manera natural, está presente en la leche de cualquier mamífero y en sus derivados. La intolerancia a ella se produce cuando nuestro intestino delgado no produce suficiente lactasa, que es la enzima encargada de descomponer o desdoblar la lactosa en glucosa y galactosa para poderla digerir correctamente.

Si esto no ocurre, la lactosa llega a nuestro intestino grueso sin haber sido bien digerida, lo que provoca los síntomas típicos de esta intolerancia, como pueden ser gases, diarrea, dolores intestinales, hinchazón…

¿Qué debemos hacer para disminuir estos síntomas?

  • Evita consumir productos lácteos. Hoy en día existen multitud de alternativas: leche de soja, de almendras…
  • Elige productos sin lactosa, versiones de leche, queso o yogur que no la contengan

Hoy en día, tener intolerancia a la lactosa no impide llevar una alimentación variada y equilibrada, porque podemos encontrar muchas alternativas a los productos lácteos.

La importancia de leer las etiquetas de los productos

La información que se recoge en el etiquetado de los productos es una herramienta básica para que las personas intolerantes a la lactosa puedan conocer qué ingredientes lleva el producto y saber si pueden consumirlo con seguridad o no. En la lista de ingredientes, el término lactosa, leche o sus derivados, debe aparecer diferenciado del resto (destacado, en negrita…).

Hay que tener en cuenta que muchos alimentos que en principio no asociamos con la leche o con lácteos pueden contener lactosa entre sus ingredientes, por lo que el etiquetado nos debe advertir de este hecho (por ejemplo, incluyendo la leyenda “puede contener leche o lactosa”).

También en casa debemos extremar las precauciones, evitando la contaminación cruzada al preparar alimentos, separando correctamente los que contengan lactosa, utilizando diferentes utensilios de cocina…

Diferencias con la alergia a las proteínas de la leche

La intolerancia a la lactosa y la alergia a las proteínas de la leche no son lo mismo. En el primer caso, como hemos explicado, se trata de un problema digestivo, mientras que en el segundo es una respuesta inmunológica a la caseína y el suero, las proteínas de la leche. Esta alergia puede provocar reacciones muy graves en nuestro organismo.

Las personas que padecen alergia a las proteínas de la leche no pueden tomar bajo ningún concepto productos lácteos, ni siquiera los que sean sin lactosa.

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