
Pá-Nolí
El Pá-Nolí es uno de los dulces más típicos de los pueblos de la provincia de Castellón. Su nombre cambia en las distintas poblaciones según el relleno que se ponga. Las variantes más significativas son: en Vilanova d’Alcolea y Morella se rellenan con dulce de boniato o calabaza y se le llama Panoli o Casquetes; en Pavías, se suelen «pintar» con la clara del huevo y se le llama Congretes; en las localidades de Benicàssim y Benicarló se le añade mistela o aguardiente y les denominan Coquetes; en la Plana Alta y l’Alcalatén se denominan Prims o Primes.
El Pá-Nolí, del sintagma valenciano “pa en oli”, significa pan con aceite y se le denomina así a esta torta típica de la cocina castellonense por la simpleza en su elaboración, ya que no hay nada más simple que un buen trozo de pan con aceite.
El término «panoli» también es un adjetivo que suele aplicarse para llamar así a las personas bobas, fáciles de engañar, que son excesivamente crédulas y/o muy confiadas.
Ingredientes:
- 1 vaso de aceite de oliva
- 1 limón
- 200 gr de azúcar
- 400 gr de harina
- 3 cucharadas de anís en grano
Preparación:
- Precalentamos el horno a 200º.
- En un bol mezclamos el aceite, el azúcar, la ralladura de medio limón y las semillas de anís.
- A continuación, vamos añadiendo la harina a cucharadas, removiendo poco a poco hasta formar una masa consistente y elástica. Debemos remover hasta que esté todo bien integrado.
- Enharinamos nuestra superficie de trabajo y ponemos la masa, le damos un boleo y vamos estirándola y ayudándonos con un rodillo. Debe quedar con un máximo de un centímetro de grosor. Si se nos pega, espolvoreamos el rodillo con harina.
- Una vez tengamos la masa extendida, cogemos algo que nos sirva de molde redondo (por ejemplo el borde de una taza) y vamos sacando redondeles de masa ayudándonos con un cortapastas redondo. A medida que sacamos las formas, las iremos colocando sobre el papel de hornear de la bandeja.
- En el centro de cada una damos un pellizco con los dedos, levantando así una pequeña «montañita».
- Las metemos en el horno durante veinte minutos sin bajarlo de 200 grados.
- Una vez listo, los pasamos por azúcar por ambas caras y los depositamos sobre una rejilla para que enfríen y se endurezcan.
Por sí solos ya están buenísimos, pero la tradición marca que para comerlos hay que montarlos de dos en dos, uno sobre otro como un emparedado, añadiendo como relleno unas cucharaditas de cabello de ángel, dulce de boniato, calabaza asada… al gusto.

