Cómo cocinar la pasta

La pasta, en sus múltiples formas, es uno de los alimentos base de la pirámide alimentaria y de nuestra dieta mediterránea. Posee múltiples beneficios y podemos prepararla de tantas formas que gusta a niños y mayores. Aunque su origen es incierto, Italia se considera la cuna de la pasta.

La pasta se compone, básicamente, de agua y harina o sémola de trigo, por lo que su aporte nutritivo principal son los hidratos de carbono. En algunos casos, se le añaden otros ingredientes, como verduras (tomate, zanahoria, espinacas…), dando lugar a la pasta de colores, o huevo, lo que la hace más nutritiva y consistente.

Fuente de energía

La pasta nos aporta, principalmente, hidratos de carbono (almidón), que proporcionan la sensación de saciedad rápidamente, al mismo tiempo que nos aportan energía, de ahí que la pasta se encuentre en la base de la alimentación de los deportistas.

Pero este alto valor energético es también aconsejable en niños y en personas cuya actividad provoque un gran desgaste energético, aunque, en general, es importante que la presencia de pasta sea habitual en nuestra dieta, de uno a tres días por semana.

Los carbohidratos son fáciles de asimilar y, entre algunas de sus propiedades, nos ayudan en el buen funcionamiento de nuestro sistema gastrointestinal y son una gran fuente de energía. La pasta, además, no contiene casi grasas y tampoco colesterol.

Tipos de pasta

Existen cientos de tipos de pasta: seca, fresca, alargadas, redondeadas, rellenas, planas, de colores…  por lo que establecer una clasificación resulta complicado. No obstante, podemos diferenciar entre:

  • Seca: la más habitual, la pasta seca, conservada en lugar fresco y seco, tiene una fecha de caducidad bastante amplia
  • Fresca: requiere menos tiempo de cocción y se conserva sólo durante unos días
  • Enriquecida: se le añade huevo o levadura, por lo que aumenta su valor nutritivo
  • Integral: rica en fibra
  • Rellena: con carne, verduras, queso, etc.

 

Aunque existen muchas más, aquí te dejamos algunas de las formas más habituales para que no te pierdas a la hora de elegir la pasta.

  • Espagueti: Una de las más populares y que más gusta a los niños. Es una pasta larga de forma circular y delgada, hecha con harina y agua.
  • Cintas: Dependiendo del ancho, pueden ser tagliatelle, fetuccini, papardelle, linguinie… Combinan a la perfección con la típica salsa boloñesa con carne y con salsa al pesto.
  • Canelones: Son planchas rectangulares que se cocinan con distintos rellenos y, habitualmente, al horno, cubiertos de bechamel.
  • Lasaña: Planchas más grandes que los canelones, entre las que se alternan capas de relleno de carne o verduras y que también se cocinan al horno y con bechamel.
  • Macarrón: Se denominan así a gran cantidad de pastas con forma tubular. Los macarrones son un tipo de pasta de tamaño pequeño, lisos y con bordes rectos.
  • Penne: O plumas, también muy conocidas entre las pastas pequeñas, con forma cilíndrica y con estrías o líneas, no planas, y cuyos bordes están cortados en diagonal.
  • Fusilli: Pasta pequeña, con forma enroscada o de tornillo.
  • Ravioli: Pasta con forma cuadrada y rellena, habitualmente, de carne, pero también los podemos encontrar rellenos de queso, jamón, verduras, etc.
  • Farfalle: También llamadas mariposas o pajaritas, además de cocinarlas con las típicas salsas, son perfectas para hacer ensaladas frescas y muy apeticibles.
  • Gnochi: O ñoquis, se elaboran con puré de patata. Tienen forma ovalada y lo habitual es acompañarlos únicamente de salsa de tomate.
  • Tortellini: Es una tipo de pasta con forma de rollo anudado y con distintos rellenos, al igual que los ravioli.

 

La pasta, en sus múltiples formas, es uno de los platos más sencillos de preparar. Pero seguro que descubres algún truco nuevo entre los siguientes que te contamos a continuación y que convertirá este nutritivo plato en todo un éxito.

1.  Pon en una olla o un cazo bastante agua, para que se cocine bien y, sobre todo, no se quede pegada. Calcula, aproximadamente, 1 litro de agua por cada 100 gramos de pasta.

2.  Espera a que el agua hierva. No eches aceite al agua, porque sólo conseguirás engrasar la pasta. Si pones suficiente agua y la remueves, no se pegará.

3.  Cuando el agua haya empezado a hervir, echa la sal y la pasta. También con la sal debemos ser generosos. Tranquilos, porque al escurrir después la pasta, la sal se quedará en el agua, así que no te preocupes de si el plato te va a quedar demasiado salado.

4.  Mantén el fuego alto de manera que el agua no deje en hervir una vez que hayas echado la pasta. Remuévela y no la tapes. Cocínala el tiempo que marque el envase de pasta, ya que cada tipo requiere de un tiempo para su cocción. ¡Recuerda que la pasta seca aumenta de tamaño al hervirla, así que calcula las raciones teniéndolo en cuenta!

¿Cómo conseguimos que nos quede «al dente»?

Cocina la pasta un par de minutos menos de lo que se indique y deja que termine de cocinarse en la sartén junto con la salsa.

Al pasar la pasta por debajo del grifo, esta pierde la capa de almidón que la cubre y que facilita que la salsa se una mejor. Así pues, sólo deberías enjuagar la pasta si, una vez hecha, todavía no tienes la salsa terminada y la pasta puede pasarse mientras esperas. Enjuágala también si vas a preparar con ella una ensalada fresca.

Una vez abierta, la pasta seca podemos conservarla en un recipiente hermético y en un lugar fresco y seco. La pasta fresca se debe guardar en la nevera, teniendo en cuenta que su fecha de caducidad suele ser de unos pocos días.